domingo 2 de agosto de 2009

Rosacruces

En 1614 empezó a circular por Alemania un folleto publicado en Kassel y titulado 'Fama Fraternitatis'. Su autoría se atribuyó a una hermandad oculta y hasta entonces desconocida, llamada de los "Rosacruces", cuya misión consistía en promover un mejoramiento general del mundo mediante la fusión entre las ideas de la Reforma y los progresos del conocimiento científico. En el panfleto se narraba además la historia de la fundación de la Orden por el legendario Christian Rosenkreutz.
Aunque de estilo oscuro y de difícil comprensión, la publicación suscitó un interés tan generalizado que fue reimpresa tres veces en 1615 y de nuevo en 1617. Casi en seguida hubo dos ediciones en lengua holandesa y varios años después otra en inglés.
A Fama le siguió, en 1615, una segunda publicación sobre el mismo tema, 'Confessio Fraternitatis R.C.', donde se declaraban 37 de los votos de la Orden, entre los cuales el de poner fin al sectarismo y a las luchas políticas. Además se expresaba la oposición de la Fraternidad al Papado, al Islam y a los falsos alquimistas. Aunque el impreso trataba de reclutar miembros para el movimiento rosacruz, no detallaba cómo hacerlo.
En 1616 el público impaciente pudo leer por fin la obra definitiva titulada 'Chymische Hochzeit Christiani Rosenkreutz', lo que significa "las bodas alquímicas de Christian Rosenkreutz"; tratábase de una interesante narración llena de simbolismo esotérico, que ha sido interpretada como una descripción del proceso de la alquimia.
Aunque estas publicaciones constituyeron en su día un gran misterio, hoy se sabe casi con certeza que su autor fue Johann Valentin Andreae, teólogo de Wurttemberg, y que las obras seguramente reflejan las ideas de un pequeño círculo de eruditos afines a Christoph Besold, jurista de la universidad de Tubinga. En la época, sin embargo, las numerosas personas que deseaban afiliarse a la recién proclamada Rosacruz no encontraban la manera de conseguirlo y tales frustraciones generaron un considerable volumen de bibliografía secundaria, en la que especulaban sobre la Orden o se proclamaban miembros de la misma.
En 1620 el interés inicial empezaba a agotarse y las polémicas sobre la Rosacruz quedaron desplazadas por otros asuntos más de moda. La cuestión resucitó sin embargo en 1710 cuando Sigmund Richter creó la Orden del Oro y de la Rosa Cruz, una fraternidad alquímica inspirada en la leyenda original, aunque no mucho. Los términos "Rosacruz" y "Fraternidad" fueron asumidos por la francmasonería, aunque sin tener demasiado que ver con su significado originario. En la época victoriana, no obstante, la Orden del Alba Dorada resucitó la tradición rosacruz, a tal punto que se enseñaba a sus miembros la leyenda de Christian Rosenkreutz; además, los rituales del Alba Dorada utilizaban una representación del "sarcófago" o tumba del fundador.
En la actualidad existen varias instituciones que se pretenden descendientes o por lo menos seguidoras de los rosacruces originarios. Quizá la más conocida sea la norteamericana Ancient and Mystic Order Rosae Crucis (AMORC), fundada por H. Spencer Lewis, que enseña un sustancial cuerpo de doctrina y técnicas esotéricas, y se anuncia por todo el planeta.

jueves 26 de febrero de 2009

Los mártires cátaros y su regreso

En la Francia del medievo floreció una secta cristiana que creía en la reencarnación, así como en el dualismo entre lo espiritual y lo físico, entre el bien y el mal. Sus miembros eran conocidos como los albigenses, por la ciudad de Albi, o cátaros ("los purificados"), como preferían que se les llamase.
Los cátaros eran una molestia para la Iglesia Católica Romana, que les acusaba de herejes y de constituir un peligro para el poder eclesiástico. Tras largas luchas, los católicos conquistaron la fortaleza cátara de Montségur en el Pirineo francés. Los 210 cátaros capturados se negaron a renunciar a su fe y, en 1244, fueron quemados en la hoguera en Toulouse.
Para el psiquiatra inglés Arthur Guirsham, educado en Oxford, estos hechos no suponían nada en particular hasta que una joven que sufría terribles pesadillas acudió a él en 1962. Durante los siguientes cuatro años, la "Sra. Smith", como Guirdham la llamaba, le narró sus tormentos mentales, la mayoría centrados en supuestos recuerdos de su vida junto a los cátaros en el siglo XIII en Francia. Cuando era tan sólo una colegiala se inventó un amante cátaro llamado Roger, y en sus libros de texto solía escribir fragmentos de poemas provenzales que él le había recitado. Esta historia impresionó al psiquiatra, quien, investigando la historia de los cátaros, descubrió que los episodios narrados eran extraordinariamente exactos. La mujer afirmaba, por ejemplo, que los cátaros vestían de azul oscuro. Guirdham averiguó que los historiadores hablaban de trajes negros, pero consultando a un experto descubrió que tras nuevas investigaciones se había llegado a la conclusión de que, en efecto, eran de color azul oscuro.
Durante un tiempo, Guirdham llegó a creer que él mismo era la reencarnación del Roger de quien hablaba la "Sra. Smith", un tal Roger-Isam de Fanjeaux que murió en prisión en 1243. En su encarnación la "Sra. Smith" había acabado en la hoguera junto con los otros mártires cátaros.
Finalmente, Guirdham reunió a un grupo de ocho personas que al parecer recordaban haber sido cátaros en el pasado. Esta comunidad se vio afectada por lo que parecían ser hechos paranormales. Se dijo que les habían visitado espíritus de cátaros y, en el aniversario del holocausto cátaro, algunos de los componentes del grupo experimentaron dolor físico. Parece ser que una mujer incluso tenía la marca de enormes ampollas.
Guirdham, a quien se acusó de ser poco científico y nada cooperativo a la hora de permitir que otros investigadores verificaran la historia, mantuvo, sin embargo, que él y los otros miembros habían experimentado reencarnaciones en grupo. Escribió tres libros sobre el caso, que aún continúa siendo uno de los más enigmáticos para los estudiosos de la reencarnación.

lunes 22 de diciembre de 2008

Fantasmas: vestidos para la ocasión

A lo largo de los siglos se ha mantenido la tradición de las diáfanas figuras envueltas en vaporosas telas blancas. De hecho, se dice que los fantasmas prefieren la ropa suelta y de colores pálidos. Pero según un comentarista británico del siglo XIX, "esos son los fantasmas de patios de iglesia sin ningún otro objetivo que asustar a los campesinos borrachos que tropiezan con sus tumbas". Aunque los espectros de blancos ropajes se han aparecido en otros lugares, muchos relatos de fantasmas sugieren que en sus armarios espectrales hay colgadas prendas de vistosos colores.
El que se diga que los fantasmas aparecen siempre vestidos es un tema que ha levantado encendidas polémicas entre los investigadores de lo paranormal y los escépticos. Aunque las civilizaciones antiguas dejaban vestidos terrenales en las tumbas para que pudieran ser utilizados en la otra vida, resulta difícil imaginar a un fantasma dudando acerca de qué ponerse ante su armario, o como apuntó George Cruiksbank, caricaturista inglés del siglo XIX, curioseando en "tiendas de equipamientos espirituales". Sin embargo, los relatos de fantasmas desnudos son raros. En una famosa historia escandinava, la figura escasamente vestida de un hombre que había sido condenado al ostracismo por los aldeanos regresaba de la muerte para perseguirles, y se dice que los fantasmas japoneses aparecen a menudo con ropas desaliñadas y sangrientas. Pero el vestirse con propiedad prevalece en la mayoría de los casos. Generalmente se describe a las apariciones ataviadas tal como iban en vida, y son habituales los informes de fantasmas vestidos con armaduras, túnicas de seda o hábitos monacales.
Para explicar estos vestuarios, Frank Podmore, uno de los primeros miembros de la Sociedad para la Investigación Psíquica sugirió que las apariciones existen sólo en la mente del observador y que éste las viste de una manera que le resulte familiar. De ser así, la mente del perceptor no sólo pone la ropa, sino que además le otorga un significado especial. En un caso, por ejemplo, los vestidos blancos significaban para el perceptor el estado del progreso espiritual del fantasma. Como cuenta una leyenda, la viuda de un conocido usurero estaba rezando junto a la tumba de su marido cuando se dice que le vio, vestido con una túnica negra y con una expresión sombría en el rostro. Al cabo de siete años, afirmó la mujer, la túnica había ido perdiendo color y se había vuelto blanca y su marido parecía alegre y animado, como si hubiera logrado la redención al otro lado de la tumba.

sábado 8 de noviembre de 2008

Criaturas de fábula

Reales o imaginarias, criaturas extrañas han poblado la Tierra, nadado en sus mares y océanos y surcado sus cielos desde tiempos inmemoriales, sembrando el terror y la admiración de sus observadores. Y a lo largo de muchos siglos, algunos de los monstruos más feroces han quedado confinados a la leyenda, convirtiéndose en un vivido testimonio de la imaginación del hombre.
Por increíbles que parezcan estas criaturas, se cree que descienden de algún modo de bestias reales, de algunas de las cuales se tenía noticia únicamente a través de los informes de viajeros y exploradores a su regreso de tierras lejanas. El grifo, una invención medieval que se suponía habitaba en algún país lejano, es una imaginativa combinación de león y águila. Más de un monstruo ficticio fue modelado a partir de la serpiente, un animal largamente identificado con el mal en la civilización occidental. Es casi seguro que la serpiente sea el origen del dragón lanza-llamas, una criatura a la que parecen habérsele añadido las alas de un murciélago y las extremidades de un lagarto. Los estudiosos han apuntado a menudo la posibilidad de que la creación de tales monstruos se haya inspirado en los restos de animales ya extintos, como los mamuts y los osos cavernarios.
Si el origen exacto de los monstruos míticos es un misterio, también lo son las razones que llevaron a su invención. Quizá resultaban una forma adecuada de representar los miedos y fantasías más profundos del hombre, o una manera de explicar fenómenos naturales que carecían de causa evidente.
Los dragones alados aparecieron por primera vez en la mitología occidental en las obras de la antigua Grecia y en la Biblia, pero fue sin duda en la Europa medieval donde captaron definitivamente la imaginación de las gente. Según la leyenda, estas terribles criaturas, a menudo con grandes cuernos, enormes fauces y aliento pestilente, podían atemorizar a un pueblo entero y devorar a las jóvenes doncellas del mismo hasta que eran matadas por un caballero virtuoso, generalmente armado con una espada mágica. El héroe más famoso que liberó a una ciudad, doncella incluida, fue San Jorge, cuya victoria fue vista como una alegoría del triunfo del cristianismo sobre los poderes de la oscuridad. Los dragones han tenido también una importante presencia en el folclore chino, donde eran seres relativamente benignos. Sin embargo, en el occidente reencarnaban el mal; el modelo real del vampiro de ficción Drácula, el príncipe Vlad Tepes, fue apodado Drácula, que en rumano significa dragón y demonio. Una sola gota de su sangre causaba la muerte instantánea, y sus dientes, plantados en la tierra, crecían durante la noche en forma de hombres armados.
Otra criatura, la temible mandicora, que supuestamente poblaba las selvas de la India, tenía cuerpo de león, cara de hombre y la cola mortal de un escorpión. Sus enormes fauces, sin embargo, eran únicas. Sostenían tres hileras inferiores y superiores de dientes afilados como cuchillas, que cuando cerraba la boca se encajaban como los de un peine. Estos dientes podían hacer trizas cualquier cosa, y se decía que la mandicora disfrutaba especialmente devorando seres humanos. El monstruo era también peligroso desde lejos. Con su cola extrañamente segmentada, podía lanzar picotazos mortales hasta una distancia de más de treinta metros.
Por su parte, el Kraken de la mitología escandinava era un monstruo marino con cuernos de tales proporciones que a veces era tomado por un grupo de islotes por incautos marineros que se aventuraban mar adentro. Una vez se acercaban a las supuestas islas, sin embargo, éstas podían trasformarse súbitamente en una masa de múltiples cabezas, cuernos y tentáculos capaces de hacer naufragar las naves más grandes. Del Kraken también se decía que desprendía un líquido semejante a la tinta que ennegrecía y envenenaba las aguas -una característica que, al igual que sus tentáculos, revela el hecho de que la criatura es la versión en tamaño de monstruo de un calamar gigante-.
Pero de todos los monstruos legendarios, ninguno era tan letal como el basilisco. Mitad serpiente, mitad gallo, provenía de un huevo puesto por un gallo de siete años de edad durante el reinado de Sirio en los cielos. Dicho huevo tenía forma esférica y estaba cubierto por una gruesa membrana, y en ocasiones era empollado por un sapo, que se sentó sobre él durante nueve años. Este elaborado proceso de gestación produjo una criatura cuyo aliento podía helar la tierra y cuya mirada resultaba mortal, incluso para ella misma. Por ello, y con objeto de evitar sus ataques, era recomendable llevar encima un espejo.
Por su lado, la hidra, habitante de pantanos y otros entornos acuáticos semejantes, era una criatura grotesca con al menos siete cabezas independientes -de las cuales la del centro era inmortal- y una capacidad alarmante para autoreproducirse. Por cada cabeza cortada por uno de sus adversarios, la hidra desarrollaba dos más. Pero esta espantosa bestia fue finalmente destruida por Hércules, quien enterró la cabeza inmortal bajo una roca y quemó las demás. Los antiguos griegos probablemente inspiraron su creación de la mítica hidra en el pulpo, que puede regenerar los tentáculos que pierde.
Finalmente, volver hacer mención del grifo, mitad león, mitad águila, pero muy superior en tamaño a cualquiera de estos dos animales. Tenía el cuerpo y la cola de un león, pero era ocho veces más grande; poseía la cabeza y las alas de un águila, pero era cien veces más fuerte. Esta extraña criatura se pensaba que habitaba en las montañas, desde donde se lanzaba en picado sobre sus presas; con sus potentes garras era capaz de trasladar hasta su nido a un caballo con jinete incluido -se dice que ambos eran sus manjares predilectos- o incluso un par de bueyes uncidos. En ocasiones, los grifos eran utilizados como medio de transporte por los dioses; el carro que transportaba a Némesis, la temida diosa de la venganza de los antiguos griegos, era a menudo tirado por grifos. Como es lógico, se aconsejaba a los humanos que trataran de evitar a esta bestia por todos los medios. No obstante, era tan poderosa que partes de su cuerpo estaban consideradas como valiosos talismanes en contra del mal y la desgracia. Especialmente preciadas eran sus garras, del tamaño de cuernos de buey, de las que se decía que se volvían negras al mínimo contacto con veneno. En la Edad Media era corriente vender cuernos de antílope o colmillos de mamuts ya extintos como si fueran garras de grifo.