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Antonio Rodríguez-Insausti
(Profesor universitario) Psicólogo e investigador paranormal

martes, 30 de agosto de 2011

Gnosticismo

Movimiento que no se suele definir con rigor, y que no equivale, en ningún caso, a una religión o culto. El término gnosticismo se aplica a diversas sectas que surgieron durante los años de formación del cristianismo y se dedicaban a buscar conocimientos espirituales ocultos, por cuanto pretendían que el hombre podía salvarse gracias a ellos sin necesidad de lograrlo a través de la fe o la conducta.
Las sectas diferían mucho unas de otras por su forma de contemplar la verdad esotérica, y algunas hacían hincapié en técnicas prácticas como la astrología mientras que otras se centraban en las doctrinas secretas de Jesús. Todas estas sectas parecen haber recibido influencias del zoroastrismo, ya que propugnaban el dualismo de la materia y el espíritu, de forma que la materia era lo negativo y el espíritu lo positivo.
El cristianismo ortodoxo rechazó con firmeza las doctrinas gnósticas por considerarlas heréticas. El incendio de la gran biblioteca de Alejandría fue un intento deliberado de destruir las pruebas de la existencia de religiones opuestas a la fe ortodoxa del mundo occidental. Con todo, el movimiento del gnosticismo no perdió jamás su influjo y sobrevivió de un modo especial en el cabalismo. Los malogrados cátaros se inspiraron fundamentalmente en los antiguos gnósticos, y el gnosticismo resurgió en el siglo XV, cuando se redescubrieron y tradujeron los primitivos textos herméticos. Sobrevivió también en sociedades secretas como la de los rosacruces y los francmasones.

jueves, 5 de mayo de 2011

Investigación psíquica

Aunque la investigación de los fenómenos parapsíquicos tiene siglos de antigüedad, su estudio sistemático, científicamente estructurado, se remonta en realidad a la fundación de la británica Society for Psychical Research en 1882. Poco después tuvo lugar la creación de una sociedad norteamericana basada en idénticas declaraciones de principios.
En la época fundacional de ambas sociedades el movimiento espiritista se hallaba en pleno auge, y tal vez por eso las primeras investigaciones se centraron casi exclusivamente en los fenómenos mediúmnicos y la observación de sesiones espiritistas. Con la decadencia del interés público hacia el espiritismo después de la Primera Guerra Mundial (ya que los médium fracasaron, en su inmensa mayoría, por lo que se refiere a la previsión de aquellas hostilidades, habiendo asegurado muchos a sus clientes que todo iba a ser miel sobre hojuelas, pese a las evidentes amenazas de la situación política), la investigación psíquica empezó a ampliar gradualmente su campo de interés.
A finales de los años treinta, en la universidad Duke de Carolina del Norte un tal doctor J. B. Rhine aportó una nueva dimensión a este tipo de estudios, con el desarrollo de métodos que permitían aplicar el análisis estadístico a las facultades parapsíquicas como la telepatía, la precognición o la psicocinesis. El planteamiento estadístico dominó las investigaciones profesionales durante los dos o tres decenios siguientes, y dicha situación perdura en la actualidad, aunque en extensión mucho menor. (En esto me refiero solamente a la situación occidental. -Por ejemplo, en la extinta Unión Soviética, donde el interés científico hacia lo parapsíquico sobrevivió incluso a la era estalinista, la investigación cualitativa siempre tuvo prioridad sobre los análisis estadísticos o la producción de fenómenos bajo condiciones de laboratorio. En consecuencia, durante los años sesenta y setenta llegó a ser del dominio público que los soviéticos iban a la cabeza del mundo en su comprensión de fenómenos tan extraordinarios como la visión dermoóptica (es decir, la facultad de ver sin utilizar los ojos), las energías bioplásmicas y las facultades psi, desde la telepatía hasta la profecía. Inspirados por el cambio de paradigma que supone la Nueva Era, los científicos occidentales empezaron a reducir su desventaja.-)
Precognición. La capacidad de obtener, por medios extrasensoriales, información acerca de hechos futuros. Su realidad se halla actualmente bien establecida gracias a pruebas que utilizan una variante de los famosos experimentos del doctor J. B. Rhine sobre telepatía mediante las cartas zener. A diferencia de estas pruebas, sin embargo, en las que se solicita al sujeto que adivine la carta que está viendo un “emisor telepático”, para la precognición se efectúa un análisis estadístico de las predicciones formuladas con anticipación de una o dos cartas en una sucesión que va descubriéndose.
Psi. Palabra comodín utilizada por los parapsicólogos para englobar los fenómenos paranormales, como por ejemplo la percepción extrasensorial (ESP).
Psicocinesis. La facultad de ejercer influencia sobre la materia física por medio de la concentración mental. Experimentos psicocinéticos muy espectaculares y en contextos de grupo se lograron en Gran Bretaña gracias a Kenneth Bacheldor y sus seguidores. En la Unión Soviética se prestó más interés a las manifestaciones individuales del fenómeno. Se dice que la médium psicocinética más famosa de Rusia, Melya Mijáilova, logró que el bocadillo de un periodista resbalase a través de toda la mesa y cayese al suelo. Las pruebas realizadas con ayuda de la fotografía Kirlian sugieren que la señora Mijáilova producía estos fenómenos mediante una pulsación rítmica de su campo personal de energía.
El caso Mijáilova (como ejemplo). Muchas veces nos preguntamos, a lo largo de nuestra vida, qué extraño fenómeno ocasiona que ciertas personas cuenten con poderes asombrosos. Aunque suene extraño, en ocasiones un simple golpe en la cabeza es lo que despierta ese lugar inexplorado de nuestro cerebro que se encuentra dormido, entregándonos poderes increíbles.
Durante la II Guerra Mundial, una joven de catorce años llamada Melya Mijáilova luchaba en el frente ruso, en las filas del Ejército Rojo, cuando durante una batalla fue herida por un casco de metralla. Pasó largo tiempo en el hospital, y tras abandonarlo observó que cuando se ponía nerviosa o se enojaba se movían las tazas y los vasos de su sitio y terminaban por caer al suelo. Sucedía de igual manera con otros objetos livianos, además de que se abrían las puertas o se encendían y apagaban las luces sin que nadie tocase el interruptor. La joven era inteligente y se dio cuenta de que era ella la causante involuntaria de aquellos fenómenos. Aprendió entonces a dominarlos y pensó que sería conveniente informar de sus facultades a los científicos. Uno de los primeros en estudiarla fue un biólogo de la universidad de Moscú, que puso ante ella unos fósforos y la invitó a moverlos y a tirarlos de la mesa sin tocarlos. Mijáilova no tuvo dificultad en realizar la experiencia, que repitió cuando el científico colocó encima una tapa de plástico. El neurofisiólogo Genady Sergeyev, del Instituto Utomski de Leningrado, hizo unas pruebas por medio de un electroencefalógrafo y un cardiógrafo y descubrió algo muy interesante. En torno al cuerpo de la joven se creaba un poderosísimo campo magnético, mientras el voltaje generado en la parte inferior de la cabeza era cincuenta veces mayor que el que existe en las personas normales. Al terminar la experiencia, Sergeyev observó en el electrocardiograma una acción irregular del corazón, mientras el pulso subía a 240 latidos por minuto y el azúcar de la sangre aumentaba también, además de sufrir ciertas alteraciones semejantes a las que se observan en un individuo sometido a una intensa presión nerviosa. En el curso de la prueba, que duró una media hora, Mijáilova perdió un kilo y sintió dolores en el cuerpo durante el resto de la jornada. Por otra parte, el neurofisiólogo empleó un aparato preamplificador conectado al cardiógrafo. En el momento exacto de desarrollar la mujer su fuerza telekinética fue cuando apreció cambios radicales en las medidas eléctricas y magnéticas del cuerpo, al mismo tiempo que subía el pulso a cuatro veces lo normal. ¿Fue el fuerte golpe, con su consiguiente conmoción, recibido durante la guerra, el causante de sus poderes? Muchas personas reciben a diario golpes en la cabeza o en el cuerpo, que interesan directamente al cerebro o al sistema nervioso, y nada les sucede. No obstante, debe existir una zona precisa, que la ciencia ignora todavía cuál es, que al ser excitada por medios extraños, comienza a trabajar. Y esa zona debe estar dentro de esa parte del cerebro que no suele estar en actividad.
Habrá que seguir investigando…

miércoles, 2 de marzo de 2011

La niña de 'El exorcista'

Los síntomas que retrata William Friedkin en su película del año 1973 basados -de manera muy sui generis- en un hecho real han sido históricamente confundidos con un cuadro agudo de esquizofrenia e incluso posesiones diabólicas. No obstante, la enfermedad de la niña en la que se basa el filme ‘El exorcista’ guarda estrechos parecidos con la enfermedad bautizada como Encefalitis por anticuerpos contra receptores NMDA (que ataca a proteínas neuronales cruciales provocando el aparatoso trastorno), al margen de que hay determinados síntomas -como el hecho de que la menor empiece a hablar idiomas que desconoce o que gire 360 grados su cabeza- que son simplemente ficción cinematográfica.
En la realidad estos enfermos, que suelen ser chicas de entre 18 y 20 años, aunque también niños y adolescentes, realizan torsiones muy forzadas, pero no tan extremas, y desestructuran el lenguaje hasta el punto que éste se convierte en incomprensible, pero no hablan nuevos idiomas.
Alucinaciones visuales, conversaciones imaginarias por teléfono, visiones de muertos, certeza de posesión de la verdad absoluta, convencimiento de contacto directo con Dios, expresiones constantes de terror, retorcimientos espectaculares con el cuerpo que desembocan en crisis epilépticas y movimientos anormales de boca, cara y brazos son los ingredientes adecuados para hacer una película de miedo, pero pueden ser simplemente consecuencia de una enfermedad inmunológica, dolencia alejada de todo “misterio” que no sea médico y provocada por anticuerpos que atacan a proteínas situadas en la superficie de las neuronas y en sus puntos de conexión (sinapsis).
La función de estas proteínas es crucial, por ser encargadas de los circuitos del cerebro, la memoria y el aprendizaje, y la alteración, que provoca la retahíla de síntomas citados, puede ser tratada con inhibidores de los citados anticuerpos. De hecho, el 80 por ciento de estos enfermos se curan con el tratamiento correcto.
A diferencia de lo que se creía al principio, el origen del cuadro no es vírico, y la identificación de los anticuerpos permite un tratamiento adecuado.
La espectacularidad del trastorno confunde a las familias de los enfermos que, convencidos de que una droga es la causante del aparatoso trastorno, llevan a su enfermo a urgencias de un hospital, donde las pruebas descartan que se trate de una sustancia estupefaciente. Entonces, los familiares inician un calvario de idas y venidas al hospital, al psiquiatra, incluso a sacerdotes exorcistas, y estos enfermos acaban en las unidades de cuidados intensivos y pasando varios meses en centros médicos de todo tipo, donde algunos a veces mueren.
Hubo un estudio llevado a cabo con cuatrocientos de estos enfermos donde el 80 por ciento de los mismos logró una curación completa o casi completa, pudiendo retomar sus actividades habituales, aunque tardaron bastante tiempo en lograrlo, aunque los mismos expertos ya califican de extraordinario que se puedan curar.
La mitad de las enfermos sufría un pequeño tumor en el ovario benigno, pero con tejido nervioso, que iniciaba una respuesta inmunológica en el cerebro y desencadenaba la enfermedad. (Fue en 2007 cuando se identificó por vez primera la proteína diana a la que atacaban los anticuerpos en doce enfermos.)

viernes, 25 de febrero de 2011

Heliké, la ciudad que desapareció dos veces

Existe cierto número de legendarias ciudades perdidas en el fondo del océano Atlántico y en los mares Mediterráneo, Egeo y Caribe. Existe también cierto número que en verdad quedaron sumergidas, aunque no perdidas, puesto que se conocen perfectamente sus localizaciones exactas. Es el caso, por ejemplo, del antiguo centro costero romano de Baiae que se encuentra no muy lejos de Nápoles y ha sido explorado y fotografiado intensivamente por submarinistas trabajando a una profundidad de 15 a 20 metros. O de Síbaris, cuyo nombre se ha convertido en sinónimo de forma de vida lujosa o "sibarita", y que yace en el fondo marino del golfo de Tarento. Partes de Cartago, Leptis Magna, Tiro, Cesarea, Alejandría, y otras grandes ciudades, siguen aún bajo las aguas del Mediterráneo.
Estas ciudades se hundieron en el mar como resultado de la acción sísmica y se pueden localizar con facilidad a causa de que los cronistas antiguos nos han dicho dónde se encuentran. Sin embargo, algo inusual le sucedió a Heliké, una gran ciudad de la Grecia clásica, que, en el 373 a. de C. (pocas décadas antes de que Platón (429-347 a.C.) narrase la historia de la Atlántida en sus diálogos Timeo y Critias), desapareció de la superficie durante un terremoto y un maremoto, con todos sus edificios, calles, barcos y millares de habitantes. Ninguno escapó a la imponente ola que barrió el lugar, incluidos diez buques de guerra visitantes pertenecientes a la flota espartana anclados en su puerto. Era la capital de la Liga Aquea, compuesta entonces por doce ciudades griegas. Su santuario a Poseidón únicamente era superado en popularidad por el de Delfos, y tenía colonias en Asia Menor y el sur de Italia. En su día, la catástrofe se achacó -como en el caso de la Atlántida- a la ira de Poseidón porque los habitantes de Heliké no habían regalado la estatua de bronce del dios a los colonos de Asia Menor o no les habían dejado usarla como molde para una propia. Hoy, donde solía encontrarse Heliké, se hallan solamente las aguas del golfo de Corinto.
Cuando las aguas estaban transparentes era posible ver las ruinas de la ciudad en el suelo marino. Durante centenares de años, Heliké permaneció en su localización debajo del mar, perfectamente visible a través de las cristalinas aguas. Los turistas romanos de una época posterior al incidente contrataban barqueros griegos para que les llevasen a fuerza de remo por encima de las bien conservadas ruinas. Los turistas empleaban con frecuencia buceadores para que les recogieran monedas y otros hallazgos de la ciudad sumergida. Los buceadores se zambullían hasta 15 y 20 metros a través del agua con una visibilidad por completo cristalina. Desde la superficie podía verse una estatua de Cace (Júpiter para los romanos), aún en pie en medio de las ruinas. No obstante, hacia el final de la ocupación romana de Grecia, otro terremoto abrió el suelo marino bajo esta Pompeya sumergida y luego se cerró encima de ella. Heliké, en la actualidad perdida, pudo haber contenido tesoros de un valor mucho más considerable que aquellas monedas de plata y oro que los submarinistas andaban buscando.
¿Perdida o semiperdida? Después de años de rastreo del subsuelo marino en el golfo de Corinto, el proyecto Heliké (un plan de búsqueda de décadas llevado a cabo por arqueólogos, museos...) acabó dando ciertos frutos gracias a que la investigadora Dora Katsonopoulou releyó los textos clásicos y concluyó que el poros en el que los autores afirmaban que se había hundido la ciudad no solamente podía ser el mar, sino también una laguna interior; aunque en la actualidad no existe en la región nada parecido a una laguna. Pero a un kilómetro tierra adentro y a tres metros bajo tierra cerca de la población de Rizomylos, los técnicos hallaron los restos de una ciudad del siglo IV a. de C., debajo de una fina capa de arcilla con conchas de moluscos acuáticos. Lo más sorprendente es que, a 150 metros de la Heliké clásica, los arqueólogos descubrieron una mucho más antigua -de entre 2600 y 2300 a. de C.- que ya era una ciudad importante y mantenía contactos con la Troya de la época. Esta Heliké de la Edad del Bronce, desconocida hasta ese momento, también tuvo un final trágico y fue sepultada en el agua por un terremoto y un tsunami, como su sucesora.
Mientras, y a menos que una nueva conmoción terrestre lleve de nuevo a la superficie a la ciudad, Heliké yacerá donde está para siempre, a un tiempo perdida y no perdida a algunas millas náuticas al este de la actual ciudad de Aíyion, en la costa norte, y a una distancia desconocida debajo del suelo marino del golfo de Corinto.
¿Se inspiraría Platón en la Heliké clásica a la hora de destruir la Atlántida? Nunca lo sabremos con certeza pero es probable que sí, ya que la proximidad temporal del hecho y el recuerdo de una gran ciudad griega castigada por Poseidón y borrada del mapa de la noche al día, le sirvieran de materia prima para tan bello relato legendario.