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Antonio Rodríguez-Insausti
(Profesor universitario) Psicólogo e investigador paranormal

miércoles, 2 de marzo de 2011

La niña de 'El exorcista'

Los síntomas que retrata William Friedkin en su película del año 1973 basados -de manera muy sui generis- en un hecho real han sido históricamente confundidos con un cuadro agudo de esquizofrenia e incluso posesiones diabólicas. No obstante, la enfermedad de la niña en la que se basa el filme ‘El exorcista’ guarda estrechos parecidos con la enfermedad bautizada como Encefalitis por anticuerpos contra receptores NMDA (que ataca a proteínas neuronales cruciales provocando el aparatoso trastorno), al margen de que hay determinados síntomas -como el hecho de que la menor empiece a hablar idiomas que desconoce o que gire 360 grados su cabeza- que son simplemente ficción cinematográfica.
En la realidad estos enfermos, que suelen ser chicas de entre 18 y 20 años, aunque también niños y adolescentes, realizan torsiones muy forzadas, pero no tan extremas, y desestructuran el lenguaje hasta el punto que éste se convierte en incomprensible, pero no hablan nuevos idiomas.
Alucinaciones visuales, conversaciones imaginarias por teléfono, visiones de muertos, certeza de posesión de la verdad absoluta, convencimiento de contacto directo con Dios, expresiones constantes de terror, retorcimientos espectaculares con el cuerpo que desembocan en crisis epilépticas y movimientos anormales de boca, cara y brazos son los ingredientes adecuados para hacer una película de miedo, pero pueden ser simplemente consecuencia de una enfermedad inmunológica, dolencia alejada de todo “misterio” que no sea médico y provocada por anticuerpos que atacan a proteínas situadas en la superficie de las neuronas y en sus puntos de conexión (sinapsis).
La función de estas proteínas es crucial, por ser encargadas de los circuitos del cerebro, la memoria y el aprendizaje, y la alteración, que provoca la retahíla de síntomas citados, puede ser tratada con inhibidores de los citados anticuerpos. De hecho, el 80 por ciento de estos enfermos se curan con el tratamiento correcto.
A diferencia de lo que se creía al principio, el origen del cuadro no es vírico, y la identificación de los anticuerpos permite un tratamiento adecuado.
La espectacularidad del trastorno confunde a las familias de los enfermos que, convencidos de que una droga es la causante del aparatoso trastorno, llevan a su enfermo a urgencias de un hospital, donde las pruebas descartan que se trate de una sustancia estupefaciente. Entonces, los familiares inician un calvario de idas y venidas al hospital, al psiquiatra, incluso a sacerdotes exorcistas, y estos enfermos acaban en las unidades de cuidados intensivos y pasando varios meses en centros médicos de todo tipo, donde algunos a veces mueren.
Hubo un estudio llevado a cabo con cuatrocientos de estos enfermos donde el 80 por ciento de los mismos logró una curación completa o casi completa, pudiendo retomar sus actividades habituales, aunque tardaron bastante tiempo en lograrlo, aunque los mismos expertos ya califican de extraordinario que se puedan curar.
La mitad de las enfermos sufría un pequeño tumor en el ovario benigno, pero con tejido nervioso, que iniciaba una respuesta inmunológica en el cerebro y desencadenaba la enfermedad. (Fue en 2007 cuando se identificó por vez primera la proteína diana a la que atacaban los anticuerpos en doce enfermos.)