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Antonio Rodríguez-Insausti
(Profesor universitario) Psicólogo e investigador paranormal

sábado, 8 de noviembre de 2008

Criaturas de fábula

Reales o imaginarias, criaturas extrañas han poblado la Tierra, nadado en sus mares y océanos y surcado sus cielos desde tiempos inmemoriales, sembrando el terror y la admiración de sus observadores. Y a lo largo de muchos siglos, algunos de los monstruos más feroces han quedado confinados a la leyenda, convirtiéndose en un vivido testimonio de la imaginación del hombre.
Por increíbles que parezcan estas criaturas, se cree que descienden de algún modo de bestias reales, de algunas de las cuales se tenía noticia únicamente a través de los informes de viajeros y exploradores a su regreso de tierras lejanas. El grifo, una invención medieval que se suponía habitaba en algún país lejano, es una imaginativa combinación de león y águila. Más de un monstruo ficticio fue modelado a partir de la serpiente, un animal largamente identificado con el mal en la civilización occidental. Es casi seguro que la serpiente sea el origen del dragón lanza-llamas, una criatura a la que parecen habérsele añadido las alas de un murciélago y las extremidades de un lagarto. Los estudiosos han apuntado a menudo la posibilidad de que la creación de tales monstruos se haya inspirado en los restos de animales ya extintos, como los mamuts y los osos cavernarios.
Si el origen exacto de los monstruos míticos es un misterio, también lo son las razones que llevaron a su invención. Quizá resultaban una forma adecuada de representar los miedos y fantasías más profundos del hombre, o una manera de explicar fenómenos naturales que carecían de causa evidente.
Los dragones alados aparecieron por primera vez en la mitología occidental en las obras de la antigua Grecia y en la Biblia, pero fue sin duda en la Europa medieval donde captaron definitivamente la imaginación de las gente. Según la leyenda, estas terribles criaturas, a menudo con grandes cuernos, enormes fauces y aliento pestilente, podían atemorizar a un pueblo entero y devorar a las jóvenes doncellas del mismo hasta que eran matadas por un caballero virtuoso, generalmente armado con una espada mágica. El héroe más famoso que liberó a una ciudad, doncella incluida, fue San Jorge, cuya victoria fue vista como una alegoría del triunfo del cristianismo sobre los poderes de la oscuridad. Los dragones han tenido también una importante presencia en el folclore chino, donde eran seres relativamente benignos. Sin embargo, en el occidente reencarnaban el mal; el modelo real del vampiro de ficción Drácula, el príncipe Vlad Tepes, fue apodado Drácula, que en rumano significa dragón y demonio. Una sola gota de su sangre causaba la muerte instantánea, y sus dientes, plantados en la tierra, crecían durante la noche en forma de hombres armados.
Otra criatura, la temible mandicora, que supuestamente poblaba las selvas de la India, tenía cuerpo de león, cara de hombre y la cola mortal de un escorpión. Sus enormes fauces, sin embargo, eran únicas. Sostenían tres hileras inferiores y superiores de dientes afilados como cuchillas, que cuando cerraba la boca se encajaban como los de un peine. Estos dientes podían hacer trizas cualquier cosa, y se decía que la mandicora disfrutaba especialmente devorando seres humanos. El monstruo era también peligroso desde lejos. Con su cola extrañamente segmentada, podía lanzar picotazos mortales hasta una distancia de más de treinta metros.
Por su parte, el Kraken de la mitología escandinava era un monstruo marino con cuernos de tales proporciones que a veces era tomado por un grupo de islotes por incautos marineros que se aventuraban mar adentro. Una vez se acercaban a las supuestas islas, sin embargo, éstas podían trasformarse súbitamente en una masa de múltiples cabezas, cuernos y tentáculos capaces de hacer naufragar las naves más grandes. Del Kraken también se decía que desprendía un líquido semejante a la tinta que ennegrecía y envenenaba las aguas -una característica que, al igual que sus tentáculos, revela el hecho de que la criatura es la versión en tamaño de monstruo de un calamar gigante-.
Pero de todos los monstruos legendarios, ninguno era tan letal como el basilisco. Mitad serpiente, mitad gallo, provenía de un huevo puesto por un gallo de siete años de edad durante el reinado de Sirio en los cielos. Dicho huevo tenía forma esférica y estaba cubierto por una gruesa membrana, y en ocasiones era empollado por un sapo, que se sentó sobre él durante nueve años. Este elaborado proceso de gestación produjo una criatura cuyo aliento podía helar la tierra y cuya mirada resultaba mortal, incluso para ella misma. Por ello, y con objeto de evitar sus ataques, era recomendable llevar encima un espejo.
Por su lado, la hidra, habitante de pantanos y otros entornos acuáticos semejantes, era una criatura grotesca con al menos siete cabezas independientes -de las cuales la del centro era inmortal- y una capacidad alarmante para autoreproducirse. Por cada cabeza cortada por uno de sus adversarios, la hidra desarrollaba dos más. Pero esta espantosa bestia fue finalmente destruida por Hércules, quien enterró la cabeza inmortal bajo una roca y quemó las demás. Los antiguos griegos probablemente inspiraron su creación de la mítica hidra en el pulpo, que puede regenerar los tentáculos que pierde.
Finalmente, volver hacer mención del grifo, mitad león, mitad águila, pero muy superior en tamaño a cualquiera de estos dos animales. Tenía el cuerpo y la cola de un león, pero era ocho veces más grande; poseía la cabeza y las alas de un águila, pero era cien veces más fuerte. Esta extraña criatura se pensaba que habitaba en las montañas, desde donde se lanzaba en picado sobre sus presas; con sus potentes garras era capaz de trasladar hasta su nido a un caballo con jinete incluido -se dice que ambos eran sus manjares predilectos- o incluso un par de bueyes uncidos. En ocasiones, los grifos eran utilizados como medio de transporte por los dioses; el carro que transportaba a Némesis, la temida diosa de la venganza de los antiguos griegos, era a menudo tirado por grifos. Como es lógico, se aconsejaba a los humanos que trataran de evitar a esta bestia por todos los medios. No obstante, era tan poderosa que partes de su cuerpo estaban consideradas como valiosos talismanes en contra del mal y la desgracia. Especialmente preciadas eran sus garras, del tamaño de cuernos de buey, de las que se decía que se volvían negras al mínimo contacto con veneno. En la Edad Media era corriente vender cuernos de antílope o colmillos de mamuts ya extintos como si fueran garras de grifo.

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